
La ciudad a la que yo acostumbro salir es Cuernavaca, Morelos. Más que por su atractivo para visitar a gran parte de mi familia empezando por mi hermana menor. La verdad es que cuando regreso de Cuernavaca no llegó con ese aire de felicidad después de haber visitado provincia a menos de que llegue a casa de mi hermana y no salga. Y es que esta ciudad se ha convertido en una copia calca de la locura capitalina. Tráfico compactado en calles mal diseñadas, peceros más grandes que los mismos edificios, taxistas que tomaron clases de manejo en una avalancha sin espejos retrovisores, obras públicas que parecen maquetas de niños de primaria y así pal' real.
Es una lástima que del vergel que era se haya convertido en el escape de miles de chilangos que parece que la usaron de campo de batalla para pruebas nucleares. La tranquilidad y el buen clima fueron desplazados por el estrés, el tráfico y la decadencia de las obras públicas.
Seguiré yendo a Cuernavaca a visitar a las personas que quiero, pero tendré que inventar otra salida de fin de semana a algún lugar donde la mano del chilango no haya llegado.
Nadie...
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